martes 28 de abril de 2009

Severo

Cuando aún no era de noche los pájaros cantaron
se supieron inconsolables
como el llanto absurdo del volcán
y no supe oírlos.

Ni los acompañé a cantar sin saberse cantando
ni pude dejar de sentirlos
algo más que huéspedes demasiado breves,
sonidos que no logran grabarse en el tiempo
y habitan cavernas distantes
más allá de los mundos.

Los pájaros cantaron,
un grito naciente aturdió cada rincón de esta plaza
pero no fue ni un suspiro aquí
en toda esta miseria
mascada por muelas ruidosas y ajenas,
los ropajes roídos de las pasiones a medias
que han llegado para quedarse.

Y quién podría culparme en esta plaza atiborrada
que perfila las concurrencias de los laberintos
atrás de un pasillo, en alguna esquina
llena de gente que ya he visto antes
como de un bote a otro
mientras los botes se alejan.

Quién podrá decir que estas palabras
no arrancan también las últimas horas de su día
cuando ya no se nos insta a vivir sin respiro
y sin embargo los ecos de una ciudad idiota
todavía truenan los oídos,
y no se escucha nada más.

Porque he dicho sobre las cosas, para abrigarlas
asfixiarlas
porque he vivido para las justas del hombre
y su aire festivo y sangriento.

Porque he entregado estas manos
al forcejeo elemental de la especie
y he decidido quedarme así
ofuscado, atónito, lívido
y siempre en otro lugar.

Y así estaré jugando
hasta que se detengan las piernas y los brazos
y en la cama última escuche por fin
el rumor de estos mismos pájaros.

Su canto, no más aullidos;
su canto que ya no llora.
Un canto severo y terrible para el final.

martes 31 de marzo de 2009

Guarda con la ceniza, amiga, conseguite un cenicero!

Bastó una brasa pequeña
nada más
que cayera en el antebrazo
de golpe
bastó para traerme de vuelta.

Y de golpe mi cuerpo, y de golpe mis manos,
la humedad de las paredes del patio
barriendo de golpe
tanta fatiga acopiada en la noche del número,
la humedad aguda
igual que la palma en el banco frío
presente
igual que la palma en el muslo
sacudiendo la telaraña del número.

Creo que estuve así un rato largo,
recuperando los viejos perfumes
sin demorar ningún color en las aduanas
sin cobrar peaje
con la otra telaraña colgando de los dedos
respirando los relieves
respirando.

Creo que cesó el canto un segundo,
uno solo
para que callaran también los intervalos
y creo que estuve así un rato largo
siendo todo lo que no he dibujado
los grillos, el frío, ese ladrillo
la pena de estos días
un dejo en las manos
como de haber desplumado un pavo real
olor a tierra.

Estuve así largo rato pero solo un segundo
y vacilé
las diagonales trazaron de nuevo
la granja craneal
y vacilé.

Y supe desde entonces
la noche más cerrada
la telaraña invencible
y conquisté lentamente
la costumbre de usar anteojos
y funcioné y choqué y fui.

Aún así
así y todo
recordaré
entre sonrisas sonámbulas de vela
y toda la noche
con ojos entumecidos enterrados en códigos,
folletos y todos esos otros papeles
ya indistintos
recordaré
que alguna vez fue suficiente,
que alguna vez bastó
una brasa pequeña en el antebrazo.

jueves 26 de marzo de 2009

Nada personal, claro y movistar

Decía únicamente
que era como tropezarse
abrirse el coco en un zócalo de cemento
y estirar la pata.
Decía que así era
que te quedes
y te quedes
y no te vayas más.
Sobre el asfalto cae
la bosta de pájaro
creando ritmos parabólicos
geniales
y no te vas.
Al borde de la cama hay un peñasco
con aire a película china
¡WANG! grita el gong
entonces descubro en las torpezas de este cuarto
y en las sábanas y los olores
en el agujero negro de tu bolso
descubro la obra maestra de una grandiosa tejedora
una arquitecta de ocho patas
tan erótica al dormir y sin embargo.
El peñasco
que ya se tragó las zapatillas y tu corpiño
me evita alejarme
además.
Entonces no hay más remedio
que aplastar a la araña y punto.

”Che, son las 7 ya. ¿No te tenías que volver?”

La muela del juicio...final

Y si consiento caminar perdido en la marcha de los infantes desfigurados
que sus coros se fundan con el mío
y amar la vigilia como un búho grande y feo.

Y las bocas desdentadas seguirán machacando pan de ayer
movidas por apetitos transmundanos
insaciables
y caerán los dientes de leche.

Y si me echo alegre a la cripta
que he mendigado desde el umbral de la memoria
han de acompañerme los viejos juguetes
y temblar.

Y si he de entregarme
que sea como un perro ciego
y si he de entregarme
que sea de noche.

miércoles 25 de marzo de 2009

La poetisa

Alguien suspira fragmentos de noche densa y cerrada
en el lugar donde se extinguieron los gritos salvajes,
en el lugar donde floreció el asfalto.

Alguien memora credos de bárbaros antiguos
infamados por el fino silbido de los trenes que corren,
depurados de la faz de los tiempos.

Es la dama de callejones velados, de sonrisa velada y quieta.
Es la confidente de duendes urbanos y es su abrigo en calles indómitas
que no perdonan y no perdonarán.

Han querido cubrirla mis manos
para abrir un tránsito, una vía
y se han llenado de dolores rancios como de fondo de cajón
una y otra vez
al toparse con las suyas.

He querido ver y he visto
en su ceguera
-colmada de momias que vagan por los montes
besando nombres quiméricos-
un tránsito, una vía.
He querido ver y he visto.

-

Sigo sus huellas tenues, y tan urgentes
pero tenues
lluvia castiga este tantear idiota
que anhela transmutar cada nombre en su persecución
que busca su olor a momia.

Mi tantear que busca lo que ha cantado y ha dicho bajo la lluvia
y promete y ha prometido
que busca solamente
y acaso ya ha buscado
una isla en lo recóndito del mar más lejano
para sentarme en la arenilla desvariada
y sentir su mano tendida desde un espejo
suspendido sobre la arena
atrás,
tan cerca del hombro,
su mano que reprueba.

Será que allí me espera,
en el día de los extravíos últimos
aún después del polvo,
para mirar de reojo
y perderse después
y dejarme solo
y soñar el sueño de los ligeros.

Cocinero...hay un raviol en mi sopa

Erráticos zumbidos de domingo al mediodía
encontraron un plato de ravioles a medio terminar,
un vaso tibio.
Algún par de tetas adornan la calle.

Si me he atrevido a guerrear como los hombres,
si he practicado el arrojo implacable del hierro siquiera un día…
no lo recuerdo.
Algún perro feo se rasca en la calle.

Allá a lo lejos la city excitada;
cientos de miles cruzan sus dientes alborozados
atravesando dócilmente los ciclos de una hermosa ceremonia.
Acá las pausas, acá el letargo.

Acá el no perfume, el pulso no acelerado,
las patas civilizadas cerniéndose como araña en el techo.
Una lanza que las cosechas afortunadas han convertido en adorno,
manos que terminan en un teclado.
Acá la meditabundia de los cuerpos absortos.
]
Y en los murmullos cadenciosos de los grillos de un patio
tan limpio y tan cuidado
no adivinaré jamás la violenta y preciosa elegía
que cantan las bocas entre pasto y sangre
antes del silencio.

Y en esta desazón de rata amansada
no hallaré jamás el borracho entusiasmo del fugitivo
que huye de los puñales, aterrado,
más vivo que los cielos.

-

Zumbidos erráticos el mediodía del domingo.
En un parque inmenso
comienza. Trompetas anuncian el calambre.

Y de tanto soportar mudo el cristal molido en el inodoro,
y de tanto esperar el lento trabajo del ácaro
-esperar que me devore,
bajo Sirio
en pura sensualidad-
los bordes profundos se gastan.

Allá susurran.

Acá esta voz
perpetuamente ensaya
el no poema.

¡Oh, apéndice, no olvides tu baúl de chatarra!

Como bolsas de plástico en el agua caen
.......................................................entran
las manos enguantadas
removiendo y agitándose en las paredes del torso,
un bisturí helado deshace el abrojo del torso,
mi torso.
Sobre la mesa inmóvil oscilan mis brazos
renovando gestos que aprehenden lo ligero,
renovando gestos entre batas blancas.
Las cándidas luces cargan el quirófano sin desbordarlo,
un rebalsar impedido en el cuarto se queja.

Querría haber dicho lo que sea, como sea
cuando sea querría haber gritado hasta tumbar esas paredes,
aullado desde el intestino profundo hasta apagar esas hojas
y su nitidez.

Entran y salen las manos en lenta procesión,
trabajan mi esqueleto los otros esqueletos.
Gritado, aullado, hasta soñar cántaros vacíos
recogiendo lo ligero de este estómago y volcándolo
..................................................del otro lado,
tornando a lo desconocido.

Soñar sin sueños, largo fragmento de negrura en la memoria.
Soñar sin sueños más que una vieja y su canasta de cangrejos
que asoma entre lo negro,
su canto como un yo-yo trastornado.

Cuanto me alegra su canto entre hombres ocupados,
la peatonal llena de gordas alemanas y niñas en delantal,
cuanto me alegra entre los filos que forzosamente se intuyen
tornando a lo conocido.

Es el letargo de una cama insuficiente, sábanas insuficientes
una noche de segundos desnaturalizados
detrás del quirófano,
precariedad en cada centímetro exigiendo un después,
cualquiera,
cualquier horizonte que exceda este pozo,
que olvide la noche de los cuchillos hambrientos.

Rápido (ándale, ándale, arrriba, arriba)

Rápido se entierra la aguja viscosa en el pecho viscoso,
rápido se precipita un fuelle por las escaleras acústicas,
rápidas vuelan las uñas que arranca una llave inglesa,
rápidos pulsos me conquistan, ensoberbeciéndose,
rápidos pulsos caen al lugar donde caen los pulsos,
-alguna vez sujetará con fuerza mi manga, y acaso no tanta fuerza,
súbitos chispazos brotarán colmando cada copa,
agua prieta inundará los pulmones-
rápido me aferra la ahogada
rápido me hundo con ella.

viernes 13 de marzo de 2009

Después

Después,
sobre los restos de la lucha
como en la vidriera de una carnicería
entre muñones cuarteados y aromas viciados
después
sólo quedó el corazón de lo mundano
fraguándose otra vez,
la manía de tender nombres marchitos
en el templo de los días.

Quedaron sepultureros
cubriéndose el rostro con sudarios y pañuelos
para decir las palabras posibles,
adivinando el signo del latrocinio sobre tierra húmeda
-también usurpada la hierba húmeda-
pero era la tierra la que estaba sobre el signo,
la hierba y todo un mundo yerto.

No digas que han sido algo más
que este mecerse alegre en la descomposición
y sus ciclos disímiles –uno sobre otro-,
el hedor y su encanto
embelesando el pico de las sombras carroñeras.
No digas que he sido algo más.

Y la melodía de los hombres pretéritos
.......................quiso nacer de todo un mundo yerto.

Fueron alzando vuelo los buitres impávidos
fueron dejando los cuerpos estar;
ya solos en su hundirse archi-abismado,
ya solos en su silencio metálico
que retumba en cañerías distantes,
ya solos en su íntimo dominio
haciendo eco de la sangre,
haciéndose eco.

domingo 8 de marzo de 2009

Poema

Lluvia insignificante reniega del poema
su estar descendiendo, su estar ennegreciendo
reniega del poema
el soplo de las musas fúnebres entumece las costillas
que quieren abrirse como flor
legando un pecho árido al poema
y esas cavidades tan profundas
donde se anega lo helado del mar, lo opaco del fuego
entrelazando sus dedos elementales
son el espacio de fundiciones que se suceden como siglos
creando la caldera que vierte su incandescencia
al poema.

Los espacios desconocidos abarcan el poema
los espacios sin oxígeno, sin perímetro pulmonar
y le ofrecen el estar de una telaraña para el tiempo
para estancarlo, para renovarlo
un tiempo ahora de bosquejos y excepciones
colmado de poetas para el poema
colmado de mensajeros para el poema.
Y sobre la mesa, de par en par abiertos,
los planos para construir la más temible bestia
para diseñar su aliento fétido sobre los mundos,
sus garras devorando las raigambres del firmamento
sus negros ojos alucinados,
los cantos que la hechizan,
los cadáveres que atavían su guarida.

Y sobre la mesa, de par en par abiertos
los planos para construir el poema.

El deseo partido

La tercera es tu voz,
conjurando la multitud. Puede acaso poseerte este cuerpo partido
haciendo voz de las voces.

Puede acaso abandonar sus fetiches partidos
-los olores íntimos, sus texturas íntimas-
cercar el placer en manos inútiles.

Mi muy amada: Es que será el amor sus dichos
y el decir, es que será el encuentro del cuerpo desconocido.
Encontraremos barrotes bajo la piel.

Mi muy amada: Discontinuo evocaré el anverso
de un deseo inaprensible.
Discontinuo deseo yo barrotes.

Mi bien amada: No me atraparán.
No verán mi fuga que aprisiona el cuerpo,
no verán los huesos como palabras.

Guárdame de tus lóbregas presencias,
del vacío del abdomen que demanda pan,
del otro vacío que demanda huesos.

Guárdame de las carcajadas torcidas,
de mi andar encorvado,
del semblante de rata.

Guárdame de la insufrible certeza del zapato húmedo
querida,
guárdame de conocer alguna vez los bordes angulosos
conocer mi deseo partido.

Primogénito

.
.
Ese bulto de mantas y ojos
que quiere procurarse en reflejos
los miembros de una entidad desmembrada,
Ese niño arropado en grilletes
y tan arropado tan arropado
que remotas están las luces
y tan arropado
moradondo los bajos más hondos, los jugos arcaicos.
Concédele los efluvios divinos de tus pechos para que muerda
muerda y mastique hasta desdentarse en ensueños
muerda mastique escupa.
Prodígale perros asesinos de quimeras,
ostentosas ceremonias de suicidio.
Enséñale palabras de este mundo
acalambrado
hasta que balbucee seguro como el filo.
Dile que es el deseo.
Dile que no es el deseo.
Concíbele un ídolo espumante
cárdeno
para que duerma
al abrigo de sus amores arquetípicos
al abrigo
de gestos gozosos estacados en la noche.

Escúlpele que ya aúllan lobos.

Niñas oscuras

He visto
en la periferia nocturna abierta como el corazón abierto
he visto un ruido sórdido e inaudible,
he visto sus privaciones afónicas flotando en lo ralo.

Embotello uno a uno los signos de esta casa,
los signos de un estar sin sombra, como una marioneta deshuesada
que silba finito en los desfiladeros,
que se tropieza.

El signo es el ruido y su antípoda,
pero la botella no puede encerrarlo sin un hurto primitivo,]
sin recurrir a los moldes del fósil.
El ruido se somete a los caprichos del oyente.

Cuando es mío, cuando lo poseo,
cuando lo entierro en los entretejidos del músculo y más allá
quiere atronar el ruido y no cantar más,
quiere disfrazarse de Diana alarmante.

Ni serán bálsamo éstas formas inquietantes,
ni serán el corazón que sigue abierto.
Tendré que decir, entonces,
y arrancar lo dicho al silencio.

El terror de la palabra es borrado,
es trocado por terror.
Niñas oscuras se pasean por la casa,
el ruido se hace insoportable.

sábado 14 de febrero de 2009

No

Nos parábamos
en medio de un montón de gente
en medio
del fango urbano
tenías un tinto
bajo el brazo
y no te quería ver,
los dedos se rozaban
como en auxilio,
la mano que tantea
la soga
”es tremendo, che”
”sí, que cosa horrible”
buscaste tu último cigarrillo
”mierda,
es el segundo paquete del día”
las otras caras
husmeaban
murmuraban
todos correctos y atentos
todos hijos de puta
y era un manantial invertido
un pilar rubí
era sangre
sangre y la cabeza
del pobre infeliz
la moto tirada
un charco sensual de gasoil
en el piso
un charco sensual
y vos frotándote la fatalidad
tan hipócrita y pelotuda
frotándote la fatalidad
el hambre incipiente,
erotismo tímido,
¡No le muevan la cabeza, por Dios!
¡Quédese quieto!
la risa del payaso en el sol
el sol
en la calvicie real
todos los boludos
abajo,
la ambulancia
y no querés ayudar en algo
y no, no quiero.

miércoles 11 de febrero de 2009

La máscara y el poema

El espléndido palacio de papel de las peregrinaciones infantiles.

A la puesta del sol pondrán a a la volatinera en una jaula, la llevarán a un templo ruinoso y la dejarán allí sola.

Alejandra Pizarnik